Xenials – Infancia analógica y crecimiento digital

Guerras en criptografía y criptografía en guerras han estado allí (máquina enigma por ejemplo en el caso segundo). Pero las llamadas «guerras criptográficas» a groso modo fueron los enfrentamientos entre los activistas «criptopunks» («cypherpunks» en inglés) en comunión con los activistas pro criptografía de software libre contra la administración estadounidense. Administración que clasificó la criptografía como arma de guerra, como munición de guerra.


El resultado de esa guerra fue que la administración estadounidense en aquel momento (segunda mitad de los años 90) intentaba restringir el uso de criptografía pero que terminó sin lograrlo.

El motivo de que perdiera la administración estadounidense esa guerra fue que la criptografía ya estaba lo suficientemente extendida en el mundo empresarial (banca sobre todo) y en «el incipiente comercio online» que … básicamente terminaron cediendo a los lobbies de la industria (es una interpretación personal ok).

La guerra no la ganaron los criptopunks, la ganó creo que el comercio electrónico y la banca si somos realistas.

Aunque es muy posible que esa guerra en realidad no la ganase nadie y se tratase más bien de simplemente una batalla más.

Al margen de esa intro, lo que nos lleva hoy a viajar con la imaginación es esa micro-generación llamada «Xenials». Una micro-generación causante del movimiento criptopunk.

Los criptopunks («cypherpunks» en inglés) abogan por el uso de la criptografía y otros métodos similares como medios para lograr el cambio social y político.

Es un movimiento social que emergió a comienzos de la década de los noventa. Un movimiento especialmente activo durante las ya nombradas «guerras criptográficas» y «la primavera de internet» de 2011 (el nuevo despertar, primavera Árabe, 15M, … ).

A esa micro-generación les llaman los «Xenials».

Muchos «criptopunks» nacieron y se criaron en el ya mundo digital pero no todos/as. Esos pioneros son de la generación «Oregon trail» (nacidos en un mundo analógico, pero creciendo al mismo tiempo junto a la informática doméstica, internet, …).

De algún modo podríamos encasillar a la «generación hackmeeting» como Xenials.

Quizás muy tarde o en otro continente como para saborear el juego educativo «The oregon trail» pero una generación que por un lado comulgaba con las ideas de cambio social propiciado por la criptografía y otros métodos similares.

Evidentemente no quiero encasillar a esa «generación hackmeeting» pero más o menos si tuviera que ponerles etiqueta serían «Xenials». Unos «Xenials originarios de Europa» con muchas otras influencias de movimientos sociales italianos, españoles, …

Posiblemente son otra micro-generación a tener en cuenta. Pero a groso modo (a nivel global) creo que encajan con los «Xenials americanos del norte» (la generación que comprende a los que jugaron «The oregon trail» por ejemplo).

Nacidos a finales de la década de los 70 y principios de los 80.

Básicamente gente que ha tenido una infancia analógica y un crecimiento en la era digital.

Creo que eso es lo que define a un Xenial.

Aparte de ese interés por usar la tecnología para un cambio social, la criptografía, …

Y no nos olvidemos de que quienes en esos tiempos pudieron crecer en la era digital y tener una infancia analógica posiblemente no vivían en la pobreza absoluta. Esto es un detalle que me saco yo de la manga pero que me gustaría que me rebatiesen.

Hablamos de la gente que se conectaba a internete desde modem, que hacían quedadas en el IRC-Hispano.

Pobres no eran posiblemente, ricos tampoco. Pero era gente que tenía acceso a lo que mucha otra gente no llegó a tener hasta finales de los 90 e incluso principios del siglo XXI.

Y allí dejo esa reflexión sobre los «Xenials» para los que gusten de-construirse sus privilegios.

Saludos cordiales.


Assange, J., Appelbaum, J., Muller Maguhn, A., Zimmermann, J., & Lerner, N. (2013). Criptopunks: la libertad y el futuro de internet (1. ed). Montevideo, Uruguay: Trilce.
Stephenson, N. (2005). Criptonomicon I: el código enigma. London: Arrow.

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